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Mostrando entradas de 2020

La Suerte de Horacio

Horacio era un hombre forjado a la intemperie. Se despertaba a las cuatro, cuando el campo es solo un rumor de sombras, para arrear un ganado que cuidaba con el alma. Tenía cincuenta y cuatro años y las manos como cortezas de tala; trabajaba desde los doce y jamás había esperado nada de nadie. Para él, la suerte era un invento de los vagos; el destino se escribía con sudor y se pagaba con cansancio. Sus días terminaban a las ocho, entre el olor a bosta y el silencio del establo, cenando bajo la luz mortecina de una bombita de cincuenta watts que apenas alcanzaba a iluminar su soledad. Amaba ese rigor: el crujido del pasto congelado bajo las botas, el primer sorbo de café negro y el tabaco amargo. Su único lujo era la Ford F-100, un fetiche de óxido que exigía tres o cuatro intentos de arranque para llevarlo, cada viernes, al pueblo. Allí, entre copas de grapa y partidas de truco, Horacio se permitía ser uno más entre los hombres de tierra y humo. Ese sábado, mientras ordeñaba, la r...

Últimas palabras

Si nos ponemos a pensar, son solamente un puñado de personas que realmente podrán elegir qué decir en los últimos minutos de su existencia. Solo ellos, que llegaron a ese último momento sabiendo que son sus últimos suspiros de vida, pueden enunciar las palabras que ellos ya saben serán las últimas, ya sea que las tengan decididas hace años o se les ocurran en ese preciso momento. Aunque, ¿quién piensa en sus últimas palabras con anterioridad? Tal vez un ser fatalista que ve constantemente la inminencia de su final, o un protagonista de alguna obra romántica de Shakespeare. La inmensa mayoría de nosotros pensamos que vamos a vivir para siempre, o al menos que vamos a morir en una cama, grises y arrugados, habiendo vivido plenamente todos los embates proporcionados por la vida, y sentimos en lo mas inmerso de la parte más estúpidamente positiva de nuestro corazón, que vamos a tener el tiempo suficiente de decir todo lo que siempre quisimos decir, despedirnos de nuestros seres queridos,...