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Mostrando entradas de 2025

Tal vez imperceptible

  Sentado en una silla, todo alrededor sigue. El intento de pararse es en vano. Dos manos con el peso de mil kilos se apoyan en sus hombros para asegurarse de dejarlo sentado. Cada pequeño intento de pararse: inservible. Su cuerpo lleva el peso inconmensurable del desaliento. Apenas un leve movimiento en el cual el talón llega a despegarse unos milímetros del piso, y nuevamente dos manos, imperceptibles al ojo humano, salen de la tierra misma para volver los talones al suelo y con ellos todas sus esperanzas. Pararse no parece ser una opción. La vida continúa, tan rápida que él no puede sumarse a ninguna situación que lo rodea, aunque las ve todas. Intentarlo parece en vano. Las oportunidades se pierden y duele indescriptiblemente, los días no vuelven. Ve como todo se mueve a una velocidad extrema, los movimientos de cada una de las personas dejan una estela colorida cuando cada brazo y pierna avanza, sus caras difuminadas por la velocidad con la que hablan, y ríen y se enojan. Ve a...

Mi mejor volea

  La pelota de tenis salió disparada desde mi pie, cruzando media cancha donde jugábamos en el liceo, para atravesar el vidrio de la ventana del laboratorio de química, no sin antes haber entrado en el ángulo. Teníamos 14 años y luego del recreo con mi amigo Nacho decidimos quedarnos a jugar al fútbol con una pelota de tenis que él había traído de su casa. Tendríamos que haber estado en clases de matemáticas en ese momento, pero como adolescentes que éramos nos tomábamos ciertas licencias para desestresarnos. El partido iba empatado, y luego de un despeje de Nacho la pelota voló y me cayó como del cielo, la vi toda antes que sucediera, incliné mi cuerpo, y apoyando solamente la pierna izquierda levante la derecha horizontalmente al suelo en lo que para mí fue la volea perfecta. Solté un zapatazo y la pelota verde y peluda salió disparada, pasando entre las manos de mi amigo y entrando en el ángulo. El festejo duró poco, porque apenas grité el gol, vi como la pelota seguía su cu...

Tortilla de papa

  Llegué tarde del trabajo y mi esposa y mis dos hijos me esperaban en la mesa para cenar. Saludé y vi los platos servidos con tortilla de papa. Nunca fui fanático de la tortilla de papa, son papas pegadas con huevo yo que sé, y se me ocurren muchas otras maneras de comer la papa mucho más ricas. Pero cuando yo era chico y mi padre llegaba tarde de trabajar y comíamos la tortilla hecha por mi mamá, mi papá siempre decía eufórico: “que buena tortilla de papa, está para chuparse los dedos, de las mejores comidas que existen” y yo lo repetía asintiendo con cara de fanático. Tal vez porque nuestro padre es nuestro héroe cuando somos chicos estamos dispuestos a mentir hasta a nuestro paladar con tal de ser lo más parecidos a él posible. Y es por eso que por más que no me mataba la tortilla, asentía a sus comentarios como si estuviera comiendo mi última cena. Yo podría vivir sin tortilla de papa a partir de hoy mismo y nada cambiaría en mi vida en absoluto, pero cruzar aquella mirada d...